Altas capacidades en niñas: por qué se detectan mucho menos
Para: Familia en la sospecha · Docente u orientación
No hay razón para pensar que las altas capacidades se repartan de forma desigual por sexo, y sin embargo se detectan bastante menos en niñas. El motivo no es que las tengan menos: es que se camuflan más y el sesgo de quien observa las hace invisibles.
Hay un dato incómodo: se identifican bastantes menos niñas que niños con altas capacidades. Y no hay ninguna razón para pensar que la capacidad se reparta de forma desigual entre unos y otras. Entonces, ¿qué está pasando? La respuesta no está en las niñas, sino en cómo las miramos.
No es que tengan menos, es que se ven menos
Varios factores se combinan para hacer invisibles a las niñas de altas capacidades:
- Se camuflan más. Desde muy pronto, muchas niñas tienden a adaptarse al grupo, a no destacar, a rebajar lo que saben para encajar. Es un aprendizaje social que las lleva a esconder su capacidad.
- Rinden "bien" y sin ruido. Muchas son buenas alumnas, discretas, que no molestan. Como no dan problemas, nadie se plantea evaluarlas: pasan por "aplicadas" y ya está.
- El sesgo del observador. El tópico del "niño genio" tiene rostro de niño. Ante los mismos indicadores, se tiende a interpretar la capacidad de un niño como talento y la de una niña como esfuerzo o madurez.
- La presión social. A menudo se refuerza en ellas la simpatía y la adaptación por encima de la ambición intelectual.
Cómo suele manifestarse
En las niñas, las altas capacidades pueden asomar de formas fáciles de pasar por alto: una gran sensibilidad y madurez aparente, perfeccionismo, mundo interior intenso, lectura voraz, preocupación por temas profundos, un fuerte sentido de la justicia. Rasgos que, al no encajar con el estereotipo ruidoso, se leen como "es muy buena niña" en lugar de "quizá tenga altas capacidades".
El coste de no verlas
Una niña con altas capacidades no detectada puede aprender a hacerse pequeña, a esconder lo que sabe, a no arriesgar. Con los años, eso se traduce en menos oportunidades, síndrome del impostor y una idea de sí misma que no se corresponde con su capacidad. Muchas mujeres que se descubren de adultas describen exactamente ese camino.
Qué podemos hacer
- Mirar a las niñas con las mismas gafas. Ante los mismos indicadores, plantear la evaluación igual que con un niño.
- No premiar solo la adaptación. Valorar también su curiosidad, sus ideas y su ambición intelectual.
- Ofrecerles referentes de mujeres en todos los campos.
- Desconfiar del "es que es muy madura". A veces esa madurez tapa una capacidad que nadie ha nombrado.
Ver a las niñas es el primer paso para dejar de perderlas. Y son muchas.