Altas capacidades y salud mental en la edad adulta

Para: Adulto en autodescubrimiento

Muchos adultos de altas capacidades llegan a la consulta con diagnósticos previos de ansiedad o depresión. Las altas capacidades ni explican ni sustituyen un problema de salud mental: conviene que el profesional las conozca para no malinterpretar lo que ve.

Es un tema delicado y a la vez importante, así que conviene tratarlo con cuidado. Muchos adultos que se descubren de altas capacidades llegan a esa toma de conciencia después de años en tratamiento por ansiedad, depresión u otros diagnósticos. La relación entre altas capacidades y salud mental existe, pero es fácil de malinterpretar en las dos direcciones.

Lo que las altas capacidades NO son

Empecemos por lo más importante, para evitar un error peligroso: las altas capacidades no explican ni sustituyen un diagnóstico de salud mental. No son una alternativa a la ansiedad o a la depresión, ni una etiqueta que permita descartar un tratamiento. Si alguien está sufriendo, ese sufrimiento hay que atenderlo, tenga o no altas capacidades.

Creer que "en realidad no tengo depresión, es que soy de altas capacidades" puede llevar a abandonar una ayuda necesaria. Eso es justo lo que hay que evitar.

Por qué a veces se cruzan

Dicho esto, hay motivos por los que ambas cosas conviven con cierta frecuencia:

  • Una vida sin encaje. Años sintiéndose distinto, incomprendido, a destiempo, pueden dejar huella emocional.
  • La intensidad y la hiperreflexión. Sentir mucho y darle mil vueltas a todo puede alimentar la ansiedad o el desánimo.
  • La autoexigencia y el síndrome del impostor. El perfeccionismo desbocado y la sensación de no merecer los logros desgastan.
  • Diagnósticos que se leyeron torcidos. A veces, rasgos propios de las altas capacidades se interpretaron únicamente como un problema, sin ver el conjunto.

Por qué importa que el profesional lo sepa

La clave no es sustituir un diagnóstico por otro, sino añadir contexto. Si el profesional que te atiende conoce la posibilidad de las altas capacidades, podrá interpretar mejor lo que ve: distinguir qué es una forma de funcionar y qué es un problema que tratar, sin confundir lo uno con lo otro. Puede que haya ansiedad y altas capacidades a la vez, y ambas cosas merecen atención.

Qué hacer

  • Si lo estás pasando mal, busca ayuda profesional. Un psicólogo o psiquiatra es la referencia. Las altas capacidades no son un motivo para no pedir esa ayuda; a veces son un motivo más para hacerlo.
  • No abandones un tratamiento por tu cuenta. Si descubres tus altas capacidades estando en tratamiento, coméntalo con tu profesional, pero no lo dejes basándote en esa idea.
  • Dale espacio al duelo del descubrimiento. Reconocerte de altas capacidades de adulto trae alivio, pero también tristeza por lo vivido. Es normal, y también se puede acompañar.
  • Cuídate en lo cotidiano. Entornos, ritmos y relaciones que te sostengan influyen mucho en cómo estás.

En resumen

Altas capacidades y salud mental no son lo mismo ni se excluyen. Entender cómo funcionas puede darte contexto y alivio, pero nunca debe sustituir a la ayuda profesional cuando la necesitas. Si estás sufriendo, lo más valiente y lo más sensato es lo mismo: pedir ayuda.