Hermanos: cuando uno tiene altas capacidades (y el otro lo vive)
Para: Familia con diagnóstico
Que uno de los hijos tenga altas capacidades afecta a toda la familia, también a los hermanos. Comparaciones, celos, sensación de recibir menos atención o de vivir a la sombra. Se acompaña evitando comparaciones y dando a cada hijo su lugar propio.
Cuando en una familia uno de los hijos tiene altas capacidades, es fácil que toda la atención (y la preocupación, y las gestiones con el colegio) gire a su alrededor. Pero hay alguien que también lo está viviendo desde primera fila: sus hermanos. Y su experiencia merece cuidado.
Lo que pueden sentir los hermanos
- Comparación constante. "Tu hermano a tu edad ya leía", aunque no se diga, a veces se respira. Vivir comparado desgasta.
- Sensación de recibir menos. Si el hijo de altas capacidades acapara tiempo, reuniones y conversaciones, los demás pueden sentirse en segundo plano.
- Celos o rivalidad. Especialmente si perciben que las altas capacidades se viven en casa como algo "especial" o superior.
- Presión propia. A veces el hermano se exige a sí mismo estar a la altura, o al revés, tira la toalla ("total, el listo es él").
- Y a la vez, el hijo de altas capacidades también puede sufrir: sentirse observado, cargar con expectativas o notar el resquemor.
Ideas que ayudan
Evita las comparaciones, incluso las positivas. Comparar a un hijo con otro —para bien o para mal— siempre deja a alguien en desventaja. Cada uno es cada uno.
Da a cada hijo su lugar propio. Reconoce y celebra lo valioso de cada uno en sus propios términos, no en relación con el hermano. Todos tienen fortalezas; búscalas y nómbralas.
No conviertas las altas capacidades en el eje de la familia. Que sea una característica más de uno de los hijos, no el tema central de la casa. El hijo de altas capacidades tampoco necesita esa etiqueta constante.
Reparte el tiempo a solas. Un rato individual con cada hijo, donde se sienta el centro sin competir, vale muchísimo. No tiene que ser mucho: tiene que ser suyo.
Cuida el lenguaje. Evita el "el listo" y "el otro". Las etiquetas familiares calan y se quedan.
Valida los celos sin dramatizarlos. Que un hermano sienta celos es normal y sano de expresar. Escúchalo sin culpabilizarlo ni restarle importancia.
En el fondo
Ningún hijo necesita ser el más capaz para merecer atención, orgullo y tiempo. La tarea, nada fácil, es que cada uno se sienta plenamente visto por lo que es. Cuando eso ocurre, las altas capacidades de uno dejan de ser una sombra para los demás y pasan a ser, simplemente, una característica más de una familia con hijos distintos.