Las cinco sobreexcitabilidades de Dabrowski
Para: Familia en la sospecha · Familia con diagnóstico · Adulto en autodescubrimiento
El psiquiatra Kazimierz Dabrowski describió cinco formas de reaccionar al mundo con más intensidad de lo habitual: intelectual, emocional, imaginativa, sensorial y psicomotriz. Son frecuentes en altas capacidades y explican mucho de su intensidad, sin ser un trastorno.
Hay una palabra que ayuda a entender por qué muchas personas de altas capacidades lo viven todo "a lo grande": sobreexcitabilidad. La acuñó el psiquiatra polaco Kazimierz Dabrowski para describir formas de reaccionar al mundo más intensas de lo habitual. No son un defecto ni un trastorno: son una manera de estar en el mundo con el volumen más alto.
Dabrowski describió cinco. No todas se dan a la vez ni con la misma fuerza, pero reconocerlas ayuda a entender —y a acompañar— a quien las tiene.
1. Intelectual
La mente que no para. Curiosidad insaciable, necesidad de entenderlo todo, preguntas encadenadas, placer por aprender y por darle vueltas a las ideas. Es la sobreexcitabilidad más asociada al tópico de las altas capacidades, aunque no la única ni la más determinante.
2. Emocional
Sentir mucho y sentirlo intensamente. Emociones grandes y duraderas, empatía profunda, un sentido de la justicia muy marcado, apegos fuertes. Es la que más desborda en la infancia y la que explica esas "rabietas huracán" que no cuadran con lo maduro que parece el niño el resto del tiempo.
3. Imaginativa
Un mundo interior desbordante. Imaginación viva, fantasía, amigos imaginarios, ensoñación, capacidad de inventar mundos e historias. Puede confundirse con distracción cuando el niño se "va" a su cabeza en mitad de una clase aburrida.
4. Sensorial
Los sentidos amplificados. Placer intenso ante la belleza, la música o los sabores, pero también molestia fuerte ante ruidos, luces, texturas o etiquetas de la ropa. Explica la saturación en ambientes con mucho estímulo (comedores, fiestas, centros comerciales).
5. Psicomotriz
Energía a raudales. Necesidad de movimiento, actividad, hablar rápido, dificultad para estar quieto. Es la que con más facilidad se confunde con el TDAH, aunque no es lo mismo (y a veces conviven).
Por qué es útil conocerlas
Porque cambian la mirada. Un niño que se satura en el comedor no es "un tiquismiquis"; un niño que se derrumba por algo pequeño no está "manipulando"; un niño que no para no es necesariamente "un problema de conducta". Muchas veces es intensidad, no rebeldía.
Entenderlo no significa justificarlo todo, sino acompañar mejor: anticipar detonantes, validar lo que siente, cuidar el entorno sensorial y enseñar, poco a poco, a surfear esa intensidad en lugar de pelearse con ella. La intensidad, bien acompañada, es también una de las cosas más valiosas de estas personas.